Tiempos De Tolerancia, Tiempos De Ira. César Di Candia.
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Compra usando Mercado LibreMaggi y Williman, acicateados por di Candia, desgranan el conocimiento de primera mano de 50 años de historia -mucho en un país joven como Uruguay- con la riqueza de las anécdotas, pero sobre todo con una enorme coincidencia filosófica y vital: la tolerancia. Esa que se fue disolviendo en las mismas décadas dramáticas. Hasta que llegaron los años de la ira.
Un anarquista por su extremismo liberal, un historiador patricio siempre atento a inmiscuirse en causas populares, un periodista lúcido y escéptico, hacen una triada rara, y por escasa, valiosa. Y la mirada que despliegan es imprescindible para entendernos como país y como actores en ese cambio de la tolerancia a la ira.
Carlos Maggi es artiguista y fanático de internet, batllista y liberal, agitador hasta el panfleto del necesario desarrollo cultural, capaz de juntar extremos en causas de necesidad social, quiere a la escuela pública y a las maestras, está dispuesto a vender su alma al diablo (en el que no cree) por ver cambios profundos en la cabeza quedada de los uruguayos. En el test de tolerancia, en un país un tanto polarizado, saca 10 en 10. Privilegiado y saludable sobreviviente, junto a un puñadito de intelectuales, de la generación parricida del 45. No vamos a aburrir recordando que es dramaturgo, libretista cómico, que incursionó en cine, que es el más fecundo ensayista del país, que escribió una novela y que dedicó gran parte de su vida a Artigas. Es el primer dinosaurio: por grande y por insólito.
Claudio Williman es el patricio más querido del país, hombre de diálogo y composición, referencia de caballerosidad y bonhomía. Puede con la misma prestancia dar cursos de historia al más alto nivel militar o ser decano en una facultad muy izquierdista. Pudo haber sido anarquista si no lo hubieran aburrido con la inoperancia, es católico de pura cepa, conservó siempre cierta debilidad por las vertientes populistas en pugna con su abolengo, siempre dispuesto a zurcir situaciones complejas. Es una reserva moral del país y su risa es la más conocida en estos lares. Es el segundo dinosaurio. La estirpe de los patricios sensibles está en extinción.
César di Candia -ya podemos decirlo con seguridad- es el autor de los mejores reportajes del siglo XX. Es incisivo, sabe más de lo debido, conoce las debilidades humanas en demasía, escondió, hasta su actual producción de pequeños bocetos sobre personajes, una veta de ternura impensable. Se disfraza de duro y malpensado pero se le tensa una cuerda de esperanza frente a la grandeza, escasa claro, de los humanos. Es el otro dinosaurio, el más joven y picaneador.
Durante meses César di Candia los juntó para conversar sobre lo que duele: el país y su historia, el deslizamiento hacia la intolerancia, las raíces de la violencia, la grandeza y la miseria de los protagonistas intelectuales y políticos de nuestra historia, la generación del 45, la corrupción, los caudillos de los últimos 50 años…
El libro pudo haberse llamado Tres dinosaurios a la hora del té. Pero claro, hacía falta esta larga explicación para entenderlo.





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