La Espina. Alejandro Carrión.
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Compra usando Mercado LibreALEJANDRO CARRIÓN nació en Loja, en 1915, y es una de las figuras más representativas del Ecuador de hoy. La mera enunciación de algunos de los cargos por él desempeñados da clara idea de la intensa dedicación de este escritor a la vida pública de su país: Secretario Privado del Ministro de Gobierno, Prosecretario de la Asamblea Nacional, Director del Departamento Editorial de la Casa de la Cultura, Director de Letras del Ecuador, Vicepresidente de la Unión Nacional de Periodistas. En el campo de la docencia desarrolla una amplia actividad como profesor de Literatura ecuatoriana y española y de Historia de la Cultura en diversos centros universitarios, y en el del periodismo, como jefe de Redacción del diario La Tierra y director de la revista La Calle, ambos de Quito, tareas que compagina con su participación como columnista y redactor en otras numerosas publicaciones de su país y del extranjero. Es popularmente conocido en el Ecuador por su columna «Esta vida de Quito», en El Universo de Guayaquil, firmada con el pseudónimo de «Juan sin Cielo». En los terrenos del periodismo y los estudios histórico-literarios ha obtenido importantes premios y distinciones. En cuanto a su actividad de pura creación literaria, hay que distinguir en él la doble personalidad de poeta y narrador. En el primer aspecto, bastaría decir que estudiosos como Anderson Imbert le asignan un primer puesto en la joven poesía ecuatoriana. Como novelista ya se había dado a conocer en La manzana dañada y hoy lo hace nuevamente con La espina, que ha sido especialmente recomendada por el Jurado del Concurso Internacional de Novelas de Editorial Losada 1958. Incorporamos así una obra de gran originalidad e intensidad poco común, pues se trata del relato de un hombre que pretende reconstruir la imagen y la vida de su madre -muerta al darle a luz- a través de los recuerdos de quienes la habían conocido. Así, al propio tiempo, el relato se convierte en una minuciosa anatomía de la soledad a través de la cual, «ruedecilla a ruedecilla» -según el mismo autor-, se va desmontando el alma del hombre.





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